lunes, 28 de marzo de 2016

La axiología


1.      LA AXIOLOGÍA. La axiología es una parte de la filosofía que se ocupa de los valores. Es la disciplina filosófico que se encarga del estudio del a forma, el significado y los fundamentos del os juicios valorativos y del os modos como pueden decidirse las discusiones valorativas, es decir, del os modos como puede establecerse que un punto de vista está racionalmente bien fundamentado y otro no.
2.      El Valor: Los valores son las líneas directrices para la conducta, son los que dan la vida (individual y social), su sentido y finalidad.  El valor es la cualidad existente en los objetos y que la persona logra identificar, descubrir o reconocer.

  1. EL OBJETO D E     ESTUDIO DE LA AXIOLOGÍA:
La axiología estudia los valores y los juicios valorativos.

  1. LAS PROPIEDADES DEL USO DE LOS PREDICADOS VALORATIVOS O VALORES.
Los predicados valorativos (Los valores) son el medio a través del os cuales calificamos algo de valioso. Por ello es necesario un cuidadoso análisis del significado de  los términos que los expresan y que nosotros muchas veces alegremente lo decimos.
a)                  La objetividad. Es  una exigencia porque cuando se califica algo de valioso  se busca que sea valioso para todos los demás. Es decir que efectivamente sea así. El valor es independiente del sujeto y no se confunde con las cosas ni con las impresiones que se tienen de las cosas.

b)                 La polaridad. Siempre que expresamos una valoración lo hacemos en contraposición a su contravalor. Es decir los valores se presentan por pares de significados antagónicos. Cuando el valor está a favor o en contra de algo. El valor puede ser positivo o negativo (. Ej. Malo – Bueno. bello, feo; útil, inútil; etc.).
c)                  La Gradualidad cualitativa. Nosotros podemos distinguir diferentes grados en los valores, es decir los valores no poseen una sola intensidad o cantidad medible lo cual hace difícil nuestra valoración. El valor se vive con diversa intensidad. La gradualidad son las variaciones por las que puede pasar el valor (bueno, regular, malo, etc.). Puede ir a la máxima bondad o a la máxima maldad Ej. Te preguntan ¿Cómo estás? Contestas.  Excelente, Muy bien, bien, regular, mas o menos,  mal, muy mal, recontra mal, etc.
d)                 La Jerarquía. Nosotros al usar predicados valorativos siempre comparamos las cosas entre sí y nos inclinamos a ordenarlas o a establecer un rango en  el cual unas son más importantes que otras. . Se refiere al nivel o graduación de los valores. Hay valores inferiores y superiores.  Y lo  más importante, es que se  va a constituir en guía de su conducta. Por eso siempre decimos ¿Cuáles son los valores más importantes para ti?  Por ejemplo puede quedar un poco claro si resuelves alguno de los  Test de valores que te ofrezco.


5.      EL JUICIO VALORATIVO FUNDAMENTAL. El juicio valorativo fundamental  es aquel al cual  pueden ser traducidos o reducidos  todos los juicios valorativos. Es decir lo  que decimos al final de todo es que:   X    ES BUENO.   Ahora distinto será investigar sobre ¿en qué consiste ese valioso o bueno?  Y nos vamos a encontrar  en la imperiosa necesidad de que existen muchas maneras de ver lo bueno. Muchos modelos del o bueno, al que denominaremos Modelos de valoración.

  1. LOS MODELOS DE VALORACIÓN.
             En resumen podemos decir que un modelo de valoración ese se conjunto de características o cualidades que debe reunir cierto objeto, echo, conducta o persona para poder llamarla buena. El modelo de valoración es como la anteojos-lente-la retina que tiene la persona y con la cual mira el mundo. Por eso es que para unos tal cosa es buena  y para  otros esa misma cosa es mala  o no tan buena. Es decir cada uno lo mira con su lente y en diferente situación.  Así es necesario indicarte que la Filosofía nos ha permitido hasta este momento distinguir varios modelos de valoración y con ello varias clases de valores.

CLASIFICACION DE LOS MODELOS DE VALORACIÓN- CLASES DE VALORES. Clasificamos los valores según Max Scheler, los cuales van de menos a más.
a)       Valores hedonísticos o de placer. Agradable y desagradable, placentero y doloroso, sabroso y asqueroso, suculento, etc.
b)       Valores económicos o de utilidad y técnicos. Lo lucrativo, lo provechoso, lo útil, lo eficaz.
c)       Valores vitales o de la vida. Lo saludable, lo fuerte, lo débil, lo vigoroso, insalubre, etc.
d)       Valores teóricos o cognoscitivos (lógicos). Lo verdadero, lo falso, lo verosímil, lo claro, lo riguroso, etc.
e)       Valores estéticos o de lo bello. Lo bello, lo feo, lo bonito, lo elegante, lo cómico, etc.
f)        Valores Ético sociales o del bien moral. Lo malo, lo correcto, lo injusto, lo justo, lo honesto, lo austero, lo solidario, etc.
g)       Valores religiosos. Lo santo, lo piadoso, el sacrilegio, la beatitud, la caridad.
h)       Valores social jurídicos: Igualdad, legal, etc.


  1.  TESIS  - TEORIAS AXILÓGICAS SOBRE LO BUENO:
            a) Objetivismo Afirma que el valor está en función del objeto.  Nuestras apreciaciones varían de acuerdo a las apreciaciones de los objetos.  Nuestros actos valorativos se refieren a las cosas y no a nosotros mismos.
El objetivismo naturalista dice que lo bueno es  una propiedad constitutiva de  los  hechos mismos y nosotros simplemente nos limitamos a captar lo bueno  que son.
El objetivismo idealista dice que bueno lo constituye la idead e bueno  que existe objetivamente en el mundo al margen de que si nuestra conciencia lo conozca o no.
b) Subjetivismo Afirma que el valor es algo subjetivo (estado anímico, sentimiento, deseo) Sostiene que los hombres difieren en sus juicios de valor y no llegan a ponerse de acuerdo sobre el valor de muchas cosas.  Los valores dependen de la personalidad del individuo y de la situación social.
                        El subjetivismo utilitarista dice que lo bueno lo constituye el placer espiritual cuando son alcanzados por muchas personas. El placer espiritual es la felicidad.
                        
c) El hedonismo dice que el fundamento del o bueno lo constituye el placer experimentable corporalmente
d) Relacionismo  El valor es una conexión entre la conciencia y las cosas (objetos).  En la determinación de los valores están presentes tanto el objeto como el sujeto, los cuales están en constante relación.
                        e) El social culturalismo dice que el fundamento del o bueno está en  el proceso de creación cultural que se  da en todas las sociedades. Todo individuo nace en una sociedad, crece, aprende e internaliza los modelos de valoración de  su tiempo, luego participa   del a historia y renueva esos modelos.  Por eso es que lo bueno en una sociedad no lo  es     en otra.
f) Escepticismo axiológico o emotivismo  Sostiene que la palabra valor es un término vacío, desprovisto de sentido propio.  La observación no permite descubrir nada objetivo (propiedad, cosa o relación) que corresponda a la palabra valor. Tampoco hay nada psíquico en al mundo que corresponda a la palabra valor.
                         

  1. LOS MODELOS ESENCIALES DE VALORACIÓN.
a)     La dignidad humana.  Es un modelo específico de valoración del o bueno moral.  Establece que es suficiente que algo tenga la cualidad de ser vida humana  para  merecer el más absoluto respeto. Ester espeto consiste en no ver  en la vida humana  un instrumento sino un fin. De esta forma, el que utiliza al prójimo como un medio, como un instrumento  está atentando gravemente a su dignidad, porque lo ha reducido  a objeto.
b)      La justicia. Es un modelo de valoración  de  lo bueno moral y de  lo  bueno social. La exigencia básica para calificar  una acción justa es que otorgue a cada cual l oque le corresponde. Ojo, no admite la venganza porque es  una injusticia con otra injusticia.
c)      La Solidaridad.  Es un modelo de valoración de  lo bueno moral y social. Nos exige que nos comprometamos con los problemas que afectan la existencia de nuestro prójimo y que le demos nuestra cooperación para solucionarlos.  La  negación del a solidaridad consiste en vera l prójimo como un competidor en la lucha por la existencia y en considerar que es legítimo avasallarlo en la competencia.
d)     La Sociedad justa. Es un modelo de valoración de lo bueno social. Muy estudiado por la Filosofía Política y tiene un carácter jurídico pues lo  que es socialmente bueno está expresado en gran medida por las leyes como voluntad de un estado.
                        Una sociedad es justa si en ella el conjunto de individuo se instituciones cumplen el mandato moral que señala que hay que hacer de cada vida human aun fin y no un medio o instrumento. Esto exige reconocer la existencia humana como el valor supremo del a moral social y reconocer el trabajo como la actividad humana esencial. Al mismo tiempo el trabajo debe ser el medio de realización del hombre como ser social y, por tanto, no debe ser usado como medio para instrumentalizar al  prójimo  negándole así  su dignidad y su libertad laboral.
                        Ene se sentido una sociedad injusta e inhumana es aquella cuya organización y leyes hacen del trabajo de sus hombres el medio a través del cual son reducidos a la condición de instrumento. Esto ocurre cuando el ser humano no tiene la libertad para elegir el trabajo más adecuado para la realización de sus potencialidades materiales y espirituales y tiene que entregar su trabajo en condiciones de sometimiento  porque de lo contrario no podría sobrevivir.  ¨ La injusticia social y la rapiña tienen su origen en el egoísmo de los hombres, que a su vez se sustenta en la propiedad privada ¨  Sto. Tomás Moro. S.XVI.  Utopía.

  1. LOS VALORES EN LA PERSONA.
            Los valores no existen con independencia del as cosas. Descubrir los valores sólo es posible para     quien mira el mundo positivamente y a comprendido que todo lo que existe por algo y para algo. Que cualquier ser, por pequeño que sea tiene su sentido y su razón de ser, es decir, VALE.  Todo cuanto existe es bueno, es un BIEN, es portador de valores. Y podemos designar como valor aquello que hace buenas a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo.

El mundo de los valores constituye la puerta de entrada al mundo de la trascendencia. Se trata de un sustrato, de un trasfondo que se ha venido formando en nosotros desde los años de la infancia y que nos predispone a pensar, sentir, actuar y comportarnos de forma previsible, coherente y estable. Pero también de nuestras convicciones.   Por eso los valores reflejan  nuestra personalidad y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcado por la familia, la escuela, las instituciones como la escuela y la sociedad en que nos ha tocado vivir.
Los valores asumidos libremente nos permiten definir con claridad nuestros objetivos en la vida, nos ayudan a aceptarnos tal y como somos, a estimar a los demás, a comprender. Dan sentido a nuestra vida y facilitan la relación madura y equilibrada.


La escala de valores de cada persona será la que determine sus pensamientos y su conducta. La carencia de un sistema de valores bien definido, sentido y aceptado, instalará al sujeto en la indefinición y en el vació existencial, dejándolo a merced de criterios y pautas ajenas.  Los valores enseñan al individuo a comportarse como ser humano capaz de sacrificio y renuncia. Si hoy hablamos de derechos humanos es porque hemos descubierto que el ser humano es valioso desde su concepción y sobre todos las cosas.

lunes, 16 de septiembre de 2013

IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA

Trabajo personal: Importancia de la filosofía. Para ello, leer las páginas 154 a 160 del siguiente libro:
LA NECESIDAD DEL FILOSOFAR
Desde hace algunos años, se comprueba un auge de la filosofía «fuera de los muros», de una filosofía desenclavada que a la vez se busca a sí misma y parece corresponder a una necesidad fundamental o vital de nuestras sociedades.
Las razones e índoles de esa necesidad, como ocurre siempre en este tipo de cambio paradigmático, son sin lugar a dudas múltiples y complejas. No se trata tanto de analizar sus causas, sino de interesarse más bien en las formas que reviste el fenómeno, ya que el deseo de filosofar es de lo más natural, como el deseo estético. Sin embargo, se propondrán algunas hipótesis con vistas a circunscribir sus orígenes. La más evidente es el fracaso o la desaparición de los grandes esquemas ideológicos, políticos, morales y religiosos tradicionales. La referencia a lo tradicional también tiene por objeto una « refundación ». Hoy en día, en particular en la esfera cultura occidental, cada individuo tiende a establecer su propio «menú» del pensamiento. Incluso los que se adhieren a una visión específica del mundo, tienden a menudo a reivindicar una personalización y una autonomía en la articulación de su relación con el esquema en cuestión, sea de orden individual o comunitario.
Cada individuo procura por lo tanto formular por sí mismo los valores, las razones de ser, las finalidades existenciales que pueden darle un sentido a su existencia particular.
En ese contexto, el pensar por sí mismo de la filosofía ofrece un itinerario o una perspectiva que puede convenir perfectamente a una búsqueda de sentido bastante concreta. Ahora bien, es en función a esa demanda que la situación ya no coincide con la visión académica, en la que las necesidades existenciales tienen un papel mucho menos importante, pero no inexistente. La segunda razón, que hace eco a la primera, es la transformación de las modalidades de los mecanismos socio-económicos tradicionales: la aceleración de los cambios desestabiliza las estructuras de identidad establecidas y nos obliga a buscar nuevos fundamentos y valores. Un tercer aspecto importante es la banalización de la cultura psicológica, que propugna la búsqueda de uno mismo como objeto de una actividad legítima, que desemboca de manera natural en la multiplicación de prácticas de desarrollo personal.
Desde un punto de vista histórico, cabe señalar que esa preocupación por uno mismo siempre fue una especie de campo que se apartó de las grandes doctrinas filosóficas.
Estas últimas versan más bien sobre la realidad del mundo, del pensamiento o del ser, una realidad que condiciona al individuo, por oposición a una actividad vinculada a la singularidad de un ser específico, que se considera menos noble y prosaica.
Incluso la filosofía existencial, que propugna los conceptos de identidad y de proyecto personal, se preocupa más por la universalidad que por la singularidad. Es irónico comprobar que el fundador de la filosofía occidental, Platón, que retomó el «conócete a ti mismo» socrático, casi nunca lo utilizó  como práctica cotidiana. La labor de conceptualización o de problematización, la clasificación de las ideas, la elaboración de sistemas, la lógica, la dialéctica y el pensamiento crítico, permanecieron en el núcleo del funcionamiento filosófico occidental, y casi desapareció la interpelación del sujeto detrás del discurso. Esa observación condujo a Lacan a denunciar una corporación de «filousophes» (filósofos que engañan) que deniegan el sujeto. En algunos casos en la historia de la filosofía se percibe la idea existencial de la filosofía como consolación (Boecio, Séneca, Abelardo) o como preocupación por uno mismo (Montaigne, Kierkegaard, Foucault), pero esas tentativas fueron siempre muy efímeras.
Percibimos otro aspecto de este fenómeno en el ámbito pedagógico, en el que hay una cierta valoración del pensamiento respecto al conocimiento. En efecto, muchas reformas en el campo de la enseñanza en el mundo tienden, con o sin razón, de manera justa o excesiva, a privilegiar menos la trasmisión de conocimientos para favorecer, en cambio, sobre todo la labor sobre la apropiación, el diálogo, el análisis, etc. Ello puede tomar la forma del critical thinking, del debate en clase, de la comunidad de investigación o del «aprender a aprender», todos los cuales actualizan la dimensión dialógica, subjetiva e intersubjetiva de la cultura. Un cierto sentimiento de sospecha ha surgido paulatinamente respecto a la evidencia de lo objetivo y de la universalidad, corriéndose el riesgo, por lo demás, de glorificar lo singular y la mera opinión. La experiencia personal parece ser más importante que el pensamiento a priori. Y es sobre este terreno algo particular que se arraiga la renovación actual del deseo de filosofar.
¿De qué motivaciones filosóficas se trata? Hay varios tipos de motivación en los que practican la actividad filosófica. Ahora bien, es importante comprender y elaborar el inventario de esas motivaciones, ya que varias de ellas no tienen ninguna relación con las otras, y en algunos casos se oponen de manera categórica. Si las expectativas y las demandas pueden coincidir en lo absoluto, se distinguen entre sí de manera bastante nítida en cuanto a la forma y al fondo. Intentaremos definirlas aquí en un cierto número de grandes categorías, sin considerar que corresponden a sectores específicos de la población, tomándolas más bien como tendencias, que pueden coexistir tanto en unos como en los otros, pero con diversas o en distintas proporciones.

1) Lo cultural

Comenzaremos con la demanda cultural, no necesariamente porque sea la más importante o la más corriente, sino porque es la más tradicional. Dicha demanda anima a un buen número de universidades populares, universidades de tiempo libre, universidades intergeneracionales, en las cuales se imparten cursos o se dan conferencias para el gran público. Se trata de un público que viene a iniciarse a algo que conoce poco o no del todo, pero que le parece importante o útil de conocer por razones de cultura general. Se trata principalmente de amas de casa y de jubilados.
En cuanto a las amas de casa, son sobre todo aquéllas cuyos hijos ya van a ser adultos, que disponen por ende de un poco más de tiempo libre y que se preguntan lo que podrían hacer con el mismo. A medida que su edad avanza, desean dedicarse un poco menos a los demás, a sus prójimos y un poco más a sí mismas. Algunas de ellas interrumpieron sus estudios para crear una familia, pero consideran que han pasado la edad de reiniciar estudios más avanzados: la fórmula generalista y aficionada les conviene perfectamente.
Las personas que frecuentan ese tipo de institución prefieren a menudo una visión generalista y menos específica, y aprecian los programas de conferencias que les dan una visión panorámica de los grandes temas, en vez de profundizar en una temática específica, para lo cual seguirían cursos «clásicos» en las universidades. En el caso de los jubilados, hay muchas personas, hombres o mujeres, que emprendieron su carrera en campos técnicos, administrativos u otros y que experimentaron una cierta insatisfacción en el plano cultural, y que desean aprovechar su tiempo libre para colmar ese vacío. Se trata también de personas que no disfrutaron de una educación muy avanzada, pero que han leído durante toda su vida o que intentaron educarse como podían en calidad de autodidactas, y que desean proseguir esa práctica de manera más constante. En esos públicos, ciertas personas emprenderán luego estudios más formales y avanzados, intentando obtener un diploma que los valorice. Para algunos, se tratará de su primer diploma de estudios superiores. En algunas universidades populares se ha comenzado a recurrir desde hace poco a nuevas prácticas, mediante fórmulas más participativas, incluyendo la organización de talleres.

2) Lo existencial

En el ámbito cultural, se hacía hincapié en el conocimiento, a pesar de que esa búsqueda del conocimiento estaba vinculada a otras dimensiones de índole más existencial. Se observa que la participación en las actividades filosóficas para los que han decidido por sí mismos emprenderlas concierne principalmente a las personas de 40 años de edad y más. Esta situación puede explicarse por dos razones.
La primera es que la cuarentena corresponde más o menos a los primeros balances de la existencia. En los países económicamente avanzados, ello equivale al paso a la segunda mitad de la existencia. Se procura examinar lo que sucedió durante la primera mitad de la vida, en términos de interés, sentido, valor, etc. Uno comienza a preguntarse si «todo eso» no fue en vano, si la vida no es otra cosa que la suma total de los pequeños gestos cotidianos.
La segunda razón, que se relaciona con la primera, es que la dimensión práctica de la vida se ha «asentado». No se busca una carrera; ya está definida. Una vez establecido el estatus de la persona, es más difícil fantasear sobre lo que podría hacerse o sobre lo que podría ser. Además se instala una cierta fatiga, psíquica y física, y ya no se desea perseguir quimeras ilusorias ni recompensas materiales o concretas. En la tradición de los brahmanes, esto corresponde a la tercera edad. La primera es la del aprendizaje, la segunda, la de la acción y la tercera, la de la meditación. En ese momento, se deja a la generación siguiente ocuparse de los asuntos cotidianos, para distanciarse y convertirse en sabio, alejándose de la carrera que se concentra en la actividad material, la gestión de los negocios o la búsqueda de los placeres de este mundo.
Claro está, según los temperamentos, las culturas y las posibilidades económicas, este proceso comenzará hacia la cuarentena, pero se determinará de distintas maneras o en momentos diferentes según los individuos y las circunstancias. Sin olvidar que en ciertos contextos socioeconómicos, incluso a una edad avanzada, si es posible llegar a esa edad, no es posible escapar materialmente a la actividad de supervivencia.
En resumen, avanzamos el principio general que cuando se trata de una búsqueda existencial, la actividad filosófica hace eco de la necesidad de comprender, de aprehender mejor el mundo, de tomar conciencia de la finitud del ser, de aceptar la imperfección de las cosas, e incluso de comenzar a prepararse para la muerte, etc. Ello explica en gran parte el éxito de las distintas prácticas del desarrollo personal.

3) Lo espiritual

La búsqueda espiritual está estrechamente vinculada a la búsqueda existencial, pero con formulaciones y necesidades más específicas, que podrían denominarse como metafísicas. Esta categoría puede clasificarse como un caso particular de la búsqueda existencial, puesto que la existencia particular o individual puede percibirse como de índole secundaria o poco sustancial respecto a los desafíos ontológicos o preocupaciones más abstractas.
Se concibe entonces a la filosofía como un sucedáneo de la religión, corriéndose el riesgo de considerar al filósofo como alguien que dispensa verdades. El rechazo de los grandes esquemas religiosos, en particular sus obligaciones rituales, sus rígidas jerarquías y sus imperativos morales, es una de las razones que explican ese entusiasmo por la filosofía. A menudo encontramos en el público concernido una receptividad bastante grande para las tesis de la New Age (1) y para la filosofía oriental. Se trata en suma de un sincretismo compuesto de elementos religiosos y filosóficos muy diversos, occidentales y orientales, teológicos, esotéricos y animistas. La deidad tiende a ser despersonalizada y la persona humana, deificada, con el objetivo de lograr superar la oposición entre lo humano y lo divino. Los conceptos o temas recurrentes son los de unidad universal, armonía global y autonomía personal, una nueva era en la que la humanidad realizará su potencial físico, psíquico y espiritual, en la que superará la finitud.
Una de las paradojas de la relación entre esta sensibilidad y la filosofía es que la New Age propugna una «superación de lo mental», esto es, defiende la intuición contra el concepto, lo que es más bien contrario a las tesis clásicas de la filosofía.
Sin embargo, se puede identificar la relación con la actividad filosófica, por una parte, porque la influencia de la New Age no se caracteriza siempre por una radicalidad extrema y, por otra parte, porque las nuevas prácticas filosóficas amplían el campo de la cultura filosófica con sus referencias culturales, así como las modalidades del pensamiento a las que recurre. Asimismo, muchos «cristianos culturales», en particular católicos no practicantes, se reconocen en el enfoque filosófico, puesto que les permite tratar temáticas metafísicas sin partir necesariamente de un discurso que se refiere a una revelación. Los que se adhieren a ese esquema, de manera más o menos consciente, se orientarán hacia la filosofía para obtener respuestas a sus interrogantes, corriendo el riesgo de percibirla como un sucedáneo del cura, que proporciona elementos de  la realidad que no son de este mundo. Sin embargo, si los individuos participan en un taller de filosofía, en vez de seguir a un gurú o ir a la iglesia, pueden emprender en cierto grado una vía filosófica.

4) Lo terapéutico

La terapéutica es otra forma específica de la demanda existencial. Su diferencia principal radica en la exacerbación del problema planteado. Cuando la búsqueda del sentido toma la forma de un dolor relativamente insoportable, cuando el cuestionamiento se convierte en obsesión y la duda paraliza el vivir diario, se puede considerar que estamos frente a un desorden que puede llegar a ser patológico. La línea de demarcación, si se puede trazar, entre el problema filosófico y el problema psicológico podría ser el mantenimiento de la capacidad de razonar, y por ende, de distanciarse un mínimo de uno mismo. Pero esa línea no es muy clara o evidente.
Periódicamente, la filosofía aparece por ejemplo como una actividad de consolación ante los dolores y las tristezas de la existencia, y aun si ésa no es su forma más corriente, al menos de manera explícita, sigue siendo una de las posibilidades que ofrece su campo de acción. Por lo demás, algunos filósofos trabajan explícitamente con personas reconocidas como enfermos mentales por los expertos en la materia, como por ejemplo en los hospitales o en unidades pedagógicas especializadas, con vistas a reconciliarlos con su condición de seres pensantes. Sin llegar a esos extremos, algunos que experimentan dificultades evidentes, incluso a juicio de los que no son especialistas, participan en talleres o se inscriben en consultas particulares.
En esos diferentes casos, uno puede preguntarse en qué medida se puede concebir la filosofía con dicho público, si es útil o pertinente, pero de hecho una parte del público que emprende la práctica filosófica pertenece a esa categoría. Algunos filósofos practicantes ponen en tela de juicio de manera directa y abierta la dominación de la psicología clínica, de la psiquiatría, de la psicoterapia o del psicoanálisis sobre las perturbaciones mentales, afirmando que se trata de una tentativa ilegitima de clasificar como patologías a ciertos comportamientos que reflejan simplemente problemas existenciales a veces agudos, que pueden y deben ser tratados mediante una práctica filosófica, más bien que mediante una práctica médica. Consideran que el «psicologismo » predominante equivale a una infantilización del ser humano, una pérdida de su autonomía, una «medicalización » abusiva, un reduccionismo regresivo, e incluso un consumismo de la mente que pretende que hay que hacer todo lo posible para sentirse bien, ocultando la dimensión trágica y finita de todo ser humano.
Esa cuestión permite poner de manifiesto otra problemática importante: la del estado de pensamiento racional frente a los sentimientos, el dolor, la pasión. ¿Debe concebirse el pensamiento racional como algo constitutivo del ser singular o, al contrario, de lo que nos impide vivir? Evidentemente, hay pocos que van a asumir una u otra de esas posturas extremas, pero cada individuo puede sentir más afinidad por una o por otra. En cuanto a las personas que desean participar en una actividad filosófica, a ver» sus problemas o atenuar su sufrimiento, mientras que otros deberán confrontar su propio marasmo.  

5) Lo político

Así como hay algunos que conciben la actividad filosófica como un sucedáneo de la religión, hay otros que recurren a la misma como a un sucedáneo de la política. Y esto por varias razones. En primer lugar, porque se rehúsa «comprar» esquemas prefabricados, ya que hoy cada individuo quiere construir su propia ideología, sin ser demasiado consciente de ello. En segundo lugar, porque hoy en día hay una fuerte desconfianza en los políticos, a quienes se percibe a menudo como personas ávidas de poder o de dinero, corruptos y dispuestos a recurrir a las estratagemas más viles. En tercer lugar, porque lo inmanente prima sobre lo trascendente: lo interpersonal es más popular que las instituciones, el concepto de caridad tiene mejor reputación que el de justicia, lo humanitario es más fiable que la política. En cuarto lugar, porque el compromiso ya no está de moda: el militante no es un ideal, deseamos ser «libres y autónomos», preferimos las estructuras informales, las asociaciones o los comités a los partidos y a los clanes. El debate de ideas gusta porque es abierto, el debate de opiniones está de moda, tanto en privado como en público, en los medios de comunicación como en el trabajo. Claro está que queda por determinar si la actividad filosófica se presta a este tipo de ejercicio, si puede coexistir con el debate de opiniones políticas. Todos los filósofos tendrán algo que decir sobre la relación entre el debate y la opinión, y habrá un choque de tesis.
Pero está claro que hay muchas personas que se orientan hacia la discusión filosófica precisamente por esa razón: para debatir sus ideas sobre la justicia, la economía, la ética, la política, el medio ambiente, la libertad, el poder del dinero, de los medios de comunicación, por citar solo algunos temas recurrentes. Buscan un lugar donde expresar sus ideas, donde escuchar las de otros, donde compartir sus opiniones con sus conciudadanos o donde confrontarse a los mismos, donde avanzar sus argumentos o donde desmontar los de los demás. ¿Se acude para convencer, aprender o reflexionar? Después de todo, los filósofos profesionales también defienden a menudo sistemas y los aficionados desean hacer lo mismo.
En algunos lugares donde se lleva a cabo la práctica filosófica, se defiende la idea según la cual la filosofía no tiene sentido si no «desemboca en la acción», que es necesariamente política si desea tocar lo real. Sea como fuere, el deseo de una sociedad mejor o de una sociedad más justa anima, desde un punto de visto teórico, tanto la reflexión filosófica como política, y no es siempre fácil distinguir la una de la otra. Pero ciertos lugares donde se lleva a cabo la práctica filosófica tenderán a cerrarse sobre sí mismos si se comprueba una tendencia hegemónica, como es el caso de todo lugar en el que impera un cierto modo de pensar tal o cual tema. La única diferencia radica en que el debate político quizás alimenta más fácilmente las enemistades ideológicas que otros temas.
En todo caso, este tipo de debate permite, sin embargo, profundizar hasta un cierto punto en las problemáticas al crear un debate de ideas, para salir de la política hecha espectáculo, de la defensa de intereses particulares o de la política-comunicación, a condición claro está de que se lleve a cabo de manera adecuada.

6) Lo relacional

Una de las razones de ser o de motivación de la actividad filosófica, por sorprendente que sea, es el deseo de establecer una relación con sus semejantes. Y en efecto se trata de un excelente medio para encontrar a otras personas, en particular en nuestras grandes ciudades, donde no es siempre fácil establecer relaciones sociales y entablar una conversación.
Y ello tanto más si se desea que esas relaciones tengan un cierto nivel de reflexión y de contenido, y que no se desee congeniar con cualquiera. Se puede afirmar que una persona que frecuenta un medio filosófico goza sin duda de un cierto nivel cultural, social y económico. ¡A pesar de que la experiencia muestra que ése no es exactamente el caso! Algunas revistas se refieren a los cafés-filosóficos como un lugar que se aconseja frecuentar si se desea entablar relaciones con otras personas, puesto que es natural discutir con vecinos en ese tipo de lugar, y que la discusión es su actividad esencial. Al contrario de lo que ocurre con otras actividades, uno puede asistir de manera pasiva y guardar silencio si no se siente cómodo para tomar la palabra. Dejando de lado el aspecto caricatural, que algunos puristas estimarían ridículo, esos lugares permiten, en efecto, establecer un vínculo social.
No siempre encontramos los interlocutores que desearíamos encontrar, sobre todo si deseamos hablar de temas «importantes» que no son de interés para todo el mundo. Además, como hay una gama de actividades filosóficas, con exigencias muy diferentes, cada uno podrá encontrar –o no– el lugar que corresponde a sus expectativas, con el público que le conviene. Es útil que esos lugares existan, donde uno puede encontrarse con sus semejantes para simplemente intercambiar sus ideas, así como hay lugares en los que se puede jugar al fútbol o visitar museos en grupo. Pero los puristas deploran el hecho de que la actividad filosófica se reduzca a ser un mero lugar de encuentros y que se instrumentalice a la filosofía para colmar los vacíos relacionales de los individuos.
7) Lo intelectual
Otra categoría corresponde a la motivación intelectual, ya que ésta remite a una necesidad particular: aprender a pensar, gozar del placer de pensar. Puede confundirse con otras motivaciones, por ejemplo la motivación existencial, o cultural, pero a nuestro juicio se trata de un elemento específico que merece ser analizado.
Ya que, a diferencia de la actividad filosófica tradicional que reviste a menudo la forma «cultural», que consiste en hacer pensar enseñando lo que han escrito los filósofos, ciertas prácticas filosóficas, en grupo o de tipo individual, se concentran sobre todo en la actividad del pensamiento, sin necesariamente renegar de los aportes culturales, por ejemplo, gracias a una técnica como la del cuestionamiento socrático: la mayéutica. En este caso, el pensamiento se instituye como una actividad en sí, sin vincularse de hecho a elementos culturales, existenciales, sociales u otros. Sin embargo, claro está que no podrá ignorarlos por completo, puesto que esas problemáticas siempre estarán presentes en filigrana y no se puede filosofar a partir de nada o de absolutamente nada. Pero, al mismo tiempo, podrá asemejarse a la actividad de un pensamiento que se piensa a sí mismo, que piensa sobre sí mismo, como sustancia y finalidad de su propia actividad. Esta categoría no agrupa a la mayoría de los que desean lanzarse en ese tipo de modalidad de práctica, habida cuenta de la dificultad de dicha empresa, pero al mismo tiempo los que se arriesguen a practicarla serán los más motivados y los más aptos para promover activamente la actividad filosófica.
Encontramos en este caso las características esenciales de lo que podría ser un practicante, que no es necesariamente alguien que haya frecuentado un departamento de filosofía en la universidad.
Esta modalidad de actividad filosófica es una de las que cabría popularizar y reconocer, ya que no será adoptada de inmediato, a pesar de que es este tipo de actividad el que condiciona a todas las otras. ¿Cómo pensar en el mundo o en uno mismo si no se aprende a pensar?
Eso es lo que nos constituye de manera mucho más fundamental que muchos otros aportes culturales o intercambios empáticos, aun si en una primera fase un ejercicio de esa índole puede parecer extraño y desestabilizador. En efecto, el hecho de profundizar y de conceptualizar sin preocuparse por intereses existenciales inmediatos, sin obedecer de manera inmediata a la necesidad de expresarse, es una ascesis que no es ni natural ni evidente.
Es el principio de la discusión en el gimnasio, ese cuerpo a cuerpo del pensamiento, como lo concebía Sócrates.
Tomado de LA FILOSOFÍA, UNA ESCUELA DE LIBERTAD.

sábado, 10 de marzo de 2012

PENSAR POR UNO MISMO

1.TAREAS DEL FILÓSOFO:

La Filosofía es una forma de vida racional en búsqueda de respuestas sobre el sentido de la vida, del mundo y del ser. No se trata estudiar filosofía simplemente sino de hacer filosofía, y que se convierta en tu forma de vivir, de acuerdo a tus tesis filosóficas. Por tanto, cualquiera que tome una actitud filosófica  su tarea  como filósofo consiste en:
1)      Problematizar o sea  examinar los fundamentos de la acción humana e identificar lo aceptado, lo confiado  y sin embargo  puede ser puesto en duda.  En otras palabras identificar y generar  problemas filosóficos. Elaborar un conjunto de preguntas profundas que requieren ser respondidas.
2)      Analizar, o sea examinar los componentes del problema encontrado y sus relaciones con otros problemas, los problemas no están aislados.
3)      Definir el problema o sea formular un interrogante que expresa de la manera más precisa posible el problema que realmente preocupa.
4)      Conjeturar o formular hipótesis o sea ensayar una respuesta a la pregunta anterior. Es interesante convencernos que el que pregunta tiene parte de la respuesta y que nadie pregunta de lo que no sabe.
5)      Argumentar o sea fundamentar su hipótesis, aportar razones, opinar racional y fundamentadamente de tal manera que esa es ya su tesis filosófica. De no encontrar razones a su favor debe descartar la hipótesis filosófica inicial y puede ensayar otra. Es bueno recordar que las tesis filosóficas nunca se pueden probar de manera concluyente.
6)      Criticar  o sea examinar las objeciones que se pueden hacer a la tesis filosófica aunque la tesis fuese  defendible. Es decir se somete a una severa crítica.
7)      Rectificar. Si la tesis arribada al ser criticada se encuentra que tiene errores, entonces se procede a su rectificación y a revisarlo nuevamente.

2. EL PROBLEMA FILOSÓFICO:
   Un problema siempre es una pregunta sin respuesta conocida o satisfactoria. A veces en matemáticas y otras áreas se dan problemas para resolver, pero en realidad no son problemas sino ejercicios de diversa índole.  Normalmente los problemas apuntan a los fundamentos de los diferentes campos de las actividades humanas y ligados a la ciencia y pensamiento de la época.  Por. Ej. Siempre nos han dicho que “el todo es la suma de las partes”  pero ¿Es verdad eso? En otro caso hay quienes afirman que dos más dos no es cuatro, que las matemáticas no son exactas. 
El problema filosófico somete a duda y revisión  incluso los métodos empleados para la investigación filosófica y los problemas no quedan cancelados, concluidos pues lo que se descubre se expresa en sentido de opinión racional fundamentada. Puede que la ciencia logre respuestas exactas que la filosofía discute y por eso se habla hoy que no existen verdades absolutas. Que la verdad siempre está delante de nosotros y cuando parece que la hallamos se nos aleja. Y cuando más parece que conocemos nos damos cuenta lo ignorantes que somos. 
Como decía Sócrates en contra de los sofistas (hombres enciclopedistas, oradores extraordinarios que se creían que todo lo sabían) “solo se que nada se”


PENSAR POR UNO MISMO

A.     DETERMINAR LA ESPECIFICIDAD DE LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA.
 1.      Distinguir entre filosofía y opinión. 
Desde sus inicios la filosofía ha luchado contra la opinión no porque la opinión fuera siempre errónea o porque el filósofo pretendiera tener pensamiento fuero de lo común, sino porque la opinión, sea cual fuere su contenido, nunca de ser ilusión de pensamiento. Cuando emitimos una opinión, creemos pensar pero no pensamos y creemos también que esa opinión es nuestra aunque en realidad, no sea más que la repetición de lo que oros dicen. Como filosofar significa pensar, y pensar por sí mismo, la reflexión filosófica se opondrá siempre a la opinión.
2.      Distinguir entre informarse y saber.
¿La educación puede realmente reducirse a la mera transmisión de información?¿Qué significan aprehender y saber? Reflexionar sobre este tema permite comprender la especificidad del aprendizaje filosófico y de qué tipo de saber se trata en filosofía. Permite también superar un buen número de falsas opiniones que el alumno tiene al empezar un curso de filosofía y, así, desarrollar una actitud adecuada para aprender a filosofar.
3.      Distinguir entre filosofía y ciencias.
La filosofía y las ciencias tienen muchos puntos en común. Frente a la opinión, ambas representan un anhelo de saber verdadero y racional. Pero no debemos confundir estos dos tipos de actividades fundamentalmente diferentes en cuanto a su objeto, su método y su interés. Esto es muy importante para evitar equivocarnos acerca del sentido de la reflexión filosófica y pedirle lo que no puede ni quiere dar resultados fijos considerados como conocimientos definitivos y directament5e aplicables, es decir, útiles, en la vida cotidiana a través de la técnica.
B.      LAS HERRAMIENTAS DEL FILOSOFAR.
El lenguaje es la única herramienta del filósofo y es esencial dominarlo bien para poder filosofar. Más aún, concebir algo de manera clara y distinta es lo mismo que lograr una formulación lingüística adecuada para expresarlo. Pero dominar el lenguaje como herramienta del filosofar no sólo significa conocer bien las reglas gramaticales y sintácticas del idioma materno – requisito por definición indispensable, sino también ser capaz de cambiar de actitud frente al lenguaje  y cambiar la manera de utilizarlo.
Cambiar de actitud quiere decir empezar  a reflexionar sobre las palabras mismas (como objeto del pensar). San Agustín decía que quien no ha reflexionado sobre el lenguaje no ha empezado nunca a filosofar. Si no examinamos bien la herramienta con la que pensamos ¿Cómo podremos estar seguros de pensar correctamente?
Cambiar la manera de utilizar el lenguaje quiere decir dejar de usar las palabras para comunicar, y empezar a analizar los conceptos para conocer. Pasar de las palabras a los conceptos y reflexionar sobre ellos como tales es el primer paso seguro de la opinión hacia el filosofar.

1.      Distinguir entre palabra y concepto.
Muchas veces tenemos una idea equivocada del lenguaje: pensamos que las palabras son como etiquetas que sirve para designar las cosas del mundo. A cada cosa le corresponde su palabra en un idioma determinada. Así, cada palabra tendría un sentido único y permanente, en relación con lo que designa en la realidad. Vamos a ver en los siguientes ejercicios que esta visión del lenguaje es errónea. Para poder entender cómo funciona el lenguaje y abordar la lectura de los textos filosóficos con más facilidad, es preciso distinguir bien entre palabra y concepto y darse cuenta de que el sentido de lo que decimos depende de las relaciones que se establecen entre las palabras en un texto y en un contexto.

2.      Definir un concepto: Buscar la esencia.
Definir el concepto de algo no es solamente indicar el sentido de una palabra en un idioma, sino buscar qué es ese algo, es decir, determinar la esencia de la cosa. No es una tarea fácil.

3.      Definir un concepto: superar las imágenes y los ejemplos.
Muchas veces para definir algo tomamos un ejemplo o producimos una imagen representativa de  ese algo. Pero hemos visto que la imagen es siempre articular y concreta, mientras que el concepto es general y abstracto. No podemos razonar sobre imágenes. Si queremos filosofar, debemos superar el pensamiento por medio de imágenes. Por consiguiente, los ejemplos podrán ilustrar una reflexión, pero no reemplazarla.

4.      Distinguir entre definición espontánea y definición filosófica.
Hemos visto que los conceptos que usan los filósofos se distinguen de las palabras por su grado de abstracción y universalidad. Tal universalidad permite tratar de alcanzar definiciones verdaderas y conocimientos necesarios, y no quedarse con ejemplos e imágenes que no logran mas que juicios parciales y particulares. Pero las definiciones filosóficas se entienden siempre dentro de una reflexión conceptual global de la cual son más el fruto que la raíz. La definición filosófica busca justificarse. Por eso forma parte de un razonamiento, al contrario de las definiciones espontáneas de la opinión que impiden la reflexión u pretenden terminar con ella.
Los filósofos al igual que los científicos, a veces se ven obligados en el transcurso de sus investigaciones a inventar nuevos conceptos o cambiar el sentido corriente de una palabra para precisar una idea o enfatizar una nueva perspectiva sobre un tema, perspectiva que el idioma común no reconoce. Así, se desarrolla un conjunto de términos técnicos, un vocabulario específicamente filosófico, que puede ser común a varios filósofos o sólo a uno, o a una escuela. Como sucede con cualquier palabra, el contexto del texto es lo que permite determinar el sentido del término, aunque muchas veces el filósofo indica explícitamente las definiciones de su vocabulario técnico.

C.     EL INICIO DEL FILOSOFAR: PROBLEMATIZAR.
Hemos visto al inicio, que la opinión podía ser definido como una respuesta sin pregunta. En efecto, en el mundo de la opinión, la pregunta reacción es tener una respuesta inmediata para todo, construir definiciones espontáneas y manejarse siempre en una realidad no problemática. El filósofo, al contrario, desarrolla la actitud de interrogar el mundo, pero no de cualquier manera. Primero, porque no todos los problemas son filosóficos. Segundo, porque la formulación de un problema filosófico presupone todo un trabajo previo de problematización, de duda, de sospecha, de puesta en tela de juicio de lo que aparece como verdadero, de descubrimiento de contradicciones inadvertidas y reconstrucción de las evidencias (Mostar que las pseudos evidencias están construidas sobre fundamentos que no son evidentes).
1.      Distinguir una pregunta filosófica. No todas las preguntas son filosóficas. Primero , hay que distinguir las verdaderas preguntas que se refieren siempre a un problema y suscitan una investigación, de las demás preguntas que son o bien vanas (Por ejemplo ¿Cuántos ojos tienen los extraterrestres?), o bien sólo pedidos de información (por ejemplo: ¿Qué hora es?) o de colaboración (Ej. Puedes pasarme la sal?, etc. Segundo, hay que aclarar que muchas de las preguntas que se refieren a un problema no conciernen a la filosofía, sino a una ciencia o si no a otra disciplina. Y finalmente hay que distinguir entre preguntas formales e informales.
2.      Pasar de la pregunta al problema. Una pregunta es cualquier cuestión que puede no exigir respuestas filosóficas o exigir respuestas científicas, fenoménicas. Un problema para la filosofía, es una pregunta que no tiene respuesta conocida o que sus respuestas no satisfacen el alma.
3.      Pasar del problema a la pregunta. Una vez problematizado el tema de investigación, el filósofo puede examinarlo gracias a ciertas preguntas determinadas que van formalizando poco a poco la pregunta informal inicial, abriendo así un camino hacia una respuesta.
 4.      Delimitar el problema. Es importante poder delimitar precisamente un problema a fin de definir el camino hacia la posible respuesta y enviar caer en cuestionamientos vanos (por concluir a reflexiones huecas) o inútiles (por tener una respuesta obvia).
5.      Hacer aparecer contradicciones. Muchas veces, no logramos construir una problemática referente a un tema y nos quedamos en opiniones y consideraciones banales porque no hemos podido suscitar en nosotros ningún asombro o ninguna duda. Hacer aparecer contradicciones o dilemas es una vía real para el desarrollo de un verdadero ánimo de filosofar, que nos asegura una correcta problematización del tema puesto que aparece como un callejón sin salida.
6.      Adoptar diferentes puntos de vista frente a un problema. Para poder problematizar una pregunta y hacer aparecer contradicciones, es importante poder adoptar sucesivamente varios puntos de vista frente a una misma noción. Un conocimiento general de la historia de la filosofía es útil para entender cuáles son los puntos de vista clásicos, es decir, las maneras tradicionales de acercarse y considerar la realidad que las diversas escuelas filosóficas han ido definiendo desde la época griega. Muchas veces, estos puntos de vista se aparecen como contradictorios y excluyentes, presentando el problema de su superación e integración en una tercera perspectiva.
7.      Sospechar de lo evidente. Es preciso adoptar una actitud escéptica frente a las propias opiniones y definiciones espontáneas que suelen presentarse como evidencias, a fin de problematizar una noción. Por eso, se trata de desarrollar durante la reflexión una verdadera sospecha frente a las aparentes buenas respuestas a través de preguntas que puedan abrir pistas de investigación no percibidas anteriormente.

D.     DESARROLLO DEL FILOSOFAR: LA ARGUMENTACIÓN.
El acto de filosofar no es n una serie de opiniones expresadas ni una serie de experimentaciones a partir de hipótesis, como sucede en las ciencias, sino el desarrollo de un discurso conceptual que busca su propia legitimación a través de argumentos. Frente a  los problemas que plantea y examina, el filósofo intenta establecer tesis bien fundamentadas. Argumentar presupone querer someterse a la verdad – y no al interés, y no dejar de criticar las propias tesis hasta encontrar, si es posible, conocimientos seguros y perfectamente racionales. Esto supone dialogar y discutir consigo mismo, siendo su propio contradictor y juez.

1.      Distinguir los argumentos verdaderos. Es obvio que no podemos fundamentar ninguna verdad escondiéndonos detrás de argumentos de autoridad, vengan de donde vengan. Mi profesor lo dice, el presidente lo dice, tal libro lo dice, e incluso, todo el mundo lo dice. Estos pseudos argumentos no constituyen nunca ninguna razón que pueda legitimar una posición. Recordemos siempre que todo el mundo dijo durante siglos que el sol giraba alrededor de la tierra. Pero tampoco debemos confundir el hecho de dar un ejemplo con el hecho de dar un argumento.
2.      Establecer una tesis. Es tomar partido, asumir un saber. Y esto significa que argumentar no es solo establecer razones internas sino defenderla de posibles críticas externas. Esto significa que argumentar es también responder a objeciones implícitas o explicitas.
3.      Desarrollar un razonamiento. El arte de argumentar permite al filósofo articular ideas y nociones diferentes en un solo y mismo argumento que pueda abarcar tema aparentemente alejado o relacionar tesis aparentemente contradictorias.
4.      Relativizar una tesis filosófica. Del mismo modo que quien quiere filosofar debe ser capaz de establecer y justificar tesis mediante argumentaciones, debe ser capaz de relativizar tesis, es decir, demostrar sus límites, de reducir su campo de validez. Tal actitud crítica pasa por dos caminos privilegiados: la relativización de los presupuestos de la tesis y la relativización de las consecuencias de la tesis. La primera limita el alcance de la tesis en referencia a lo que presupone como verdadero para que ella sea, a su vez, verdadera. La segunda la limita en referencia a sus consecuencias problemáticas, es decir, difíciles de justificar.
5.      Refutar una tesis. Refutar una tesis, al contrario de lo que sería relativizarla, significa demostrar que es absurda, es decir,  que va contra la razón. No se trata de criticarla y negarla porque no nos gusta, sino de demostrar que presenta una contradicción interna.
6.      El espíritu de la argumentación. Para terminar, veamos cuál es el espíritu que acompaña la argumentación filosófica en su búsqueda de la verdad, y por qué nunca un diálogo filosófico por contundente que sean sus argumentos y refutaciones, puede ser confundido con un combate verbal para “vencer” al otro.

 II.  ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE:
A.       AUTOAPRENDIZAJE.
ü  Lectura  e identificación de ideas principales
ü  Elaboración de un comentario personal.
B.        INTER APRENDIZAJE.
ü  Elabora un ensayo filosófico