1.TAREAS DEL FILÓSOFO:
1) Problematizar o sea examinar los fundamentos de la acción humana e identificar lo aceptado, lo confiado y sin embargo puede ser puesto en duda. En otras palabras identificar y generar problemas filosóficos. Elaborar un conjunto de preguntas profundas que requieren ser respondidas.
2) Analizar, o sea examinar los componentes del problema encontrado y sus relaciones con otros problemas, los problemas no están aislados.
3) Definir el problema o sea formular un interrogante que expresa de la manera más precisa posible el problema que realmente preocupa.
4) Conjeturar o formular hipótesis o sea ensayar una respuesta a la pregunta anterior. Es interesante convencernos que el que pregunta tiene parte de la respuesta y que nadie pregunta de lo que no sabe.
5) Argumentar o sea fundamentar su hipótesis, aportar razones, opinar racional y fundamentadamente de tal manera que esa es ya su tesis filosófica. De no encontrar razones a su favor debe descartar la hipótesis filosófica inicial y puede ensayar otra. Es bueno recordar que las tesis filosóficas nunca se pueden probar de manera concluyente.
6) Criticar o sea examinar las objeciones que se pueden hacer a la tesis filosófica aunque la tesis fuese defendible. Es decir se somete a una severa crítica.
7) Rectificar. Si la tesis arribada al ser criticada se encuentra que tiene errores, entonces se procede a su rectificación y a revisarlo nuevamente.
2. EL PROBLEMA FILOSÓFICO:
El problema filosófico somete a duda y revisión incluso los métodos empleados para la investigación filosófica y los problemas no quedan cancelados, concluidos pues lo que se descubre se expresa en sentido de opinión racional fundamentada. Puede que la ciencia logre respuestas exactas que la filosofía discute y por eso se habla hoy que no existen verdades absolutas. Que la verdad siempre está delante de nosotros y cuando parece que la hallamos se nos aleja. Y cuando más parece que conocemos nos damos cuenta lo ignorantes que somos.
Como decía Sócrates en contra de los sofistas (hombres enciclopedistas, oradores extraordinarios que se creían que todo lo sabían) “solo se que nada se”
PENSAR POR UNO MISMO
A. DETERMINAR LA ESPECIFICIDAD DE LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA.
Desde sus inicios la filosofía ha luchado contra la opinión no porque la opinión fuera siempre errónea o porque el filósofo pretendiera tener pensamiento fuero de lo común, sino porque la opinión, sea cual fuere su contenido, nunca de ser ilusión de pensamiento. Cuando emitimos una opinión, creemos pensar pero no pensamos y creemos también que esa opinión es nuestra aunque en realidad, no sea más que la repetición de lo que oros dicen. Como filosofar significa pensar, y pensar por sí mismo, la reflexión filosófica se opondrá siempre a la opinión.
2. Distinguir entre informarse y saber.
¿La educación puede realmente reducirse a la mera transmisión de información?¿Qué significan aprehender y saber? Reflexionar sobre este tema permite comprender la especificidad del aprendizaje filosófico y de qué tipo de saber se trata en filosofía. Permite también superar un buen número de falsas opiniones que el alumno tiene al empezar un curso de filosofía y, así, desarrollar una actitud adecuada para aprender a filosofar.
3. Distinguir entre filosofía y ciencias.
La filosofía y las ciencias tienen muchos puntos en común. Frente a la opinión, ambas representan un anhelo de saber verdadero y racional. Pero no debemos confundir estos dos tipos de actividades fundamentalmente diferentes en cuanto a su objeto, su método y su interés. Esto es muy importante para evitar equivocarnos acerca del sentido de la reflexión filosófica y pedirle lo que no puede ni quiere dar resultados fijos considerados como conocimientos definitivos y directament5e aplicables, es decir, útiles, en la vida cotidiana a través de la técnica.
B. LAS HERRAMIENTAS DEL FILOSOFAR.
El lenguaje es la única herramienta del filósofo y es esencial dominarlo bien para poder filosofar. Más aún, concebir algo de manera clara y distinta es lo mismo que lograr una formulación lingüística adecuada para expresarlo. Pero dominar el lenguaje como herramienta del filosofar no sólo significa conocer bien las reglas gramaticales y sintácticas del idioma materno – requisito por definición indispensable, sino también ser capaz de cambiar de actitud frente al lenguaje y cambiar la manera de utilizarlo.
Cambiar de actitud quiere decir empezar a reflexionar sobre las palabras mismas (como objeto del pensar). San Agustín decía que quien no ha reflexionado sobre el lenguaje no ha empezado nunca a filosofar. Si no examinamos bien la herramienta con la que pensamos ¿Cómo podremos estar seguros de pensar correctamente?
Cambiar la manera de utilizar el lenguaje quiere decir dejar de usar las palabras para comunicar, y empezar a analizar los conceptos para conocer. Pasar de las palabras a los conceptos y reflexionar sobre ellos como tales es el primer paso seguro de la opinión hacia el filosofar.
1. Distinguir entre palabra y concepto.
Muchas veces tenemos una idea equivocada del lenguaje: pensamos que las palabras son como etiquetas que sirve para designar las cosas del mundo. A cada cosa le corresponde su palabra en un idioma determinada. Así, cada palabra tendría un sentido único y permanente, en relación con lo que designa en la realidad. Vamos a ver en los siguientes ejercicios que esta visión del lenguaje es errónea. Para poder entender cómo funciona el lenguaje y abordar la lectura de los textos filosóficos con más facilidad, es preciso distinguir bien entre palabra y concepto y darse cuenta de que el sentido de lo que decimos depende de las relaciones que se establecen entre las palabras en un texto y en un contexto.
2. Definir un concepto: Buscar la esencia.
Definir el concepto de algo no es solamente indicar el sentido de una palabra en un idioma, sino buscar qué es ese algo, es decir, determinar la esencia de la cosa. No es una tarea fácil.
3. Definir un concepto: superar las imágenes y los ejemplos.
Muchas veces para definir algo tomamos un ejemplo o producimos una imagen representativa de ese algo. Pero hemos visto que la imagen es siempre articular y concreta, mientras que el concepto es general y abstracto. No podemos razonar sobre imágenes. Si queremos filosofar, debemos superar el pensamiento por medio de imágenes. Por consiguiente, los ejemplos podrán ilustrar una reflexión, pero no reemplazarla.
4. Distinguir entre definición espontánea y definición filosófica.
Hemos visto que los conceptos que usan los filósofos se distinguen de las palabras por su grado de abstracción y universalidad. Tal universalidad permite tratar de alcanzar definiciones verdaderas y conocimientos necesarios, y no quedarse con ejemplos e imágenes que no logran mas que juicios parciales y particulares. Pero las definiciones filosóficas se entienden siempre dentro de una reflexión conceptual global de la cual son más el fruto que la raíz. La definición filosófica busca justificarse. Por eso forma parte de un razonamiento, al contrario de las definiciones espontáneas de la opinión que impiden la reflexión u pretenden terminar con ella.
Los filósofos al igual que los científicos, a veces se ven obligados en el transcurso de sus investigaciones a inventar nuevos conceptos o cambiar el sentido corriente de una palabra para precisar una idea o enfatizar una nueva perspectiva sobre un tema, perspectiva que el idioma común no reconoce. Así, se desarrolla un conjunto de términos técnicos, un vocabulario específicamente filosófico, que puede ser común a varios filósofos o sólo a uno, o a una escuela. Como sucede con cualquier palabra, el contexto del texto es lo que permite determinar el sentido del término, aunque muchas veces el filósofo indica explícitamente las definiciones de su vocabulario técnico.
C. EL INICIO DEL FILOSOFAR: PROBLEMATIZAR.
Hemos visto al inicio, que la opinión podía ser definido como una respuesta sin pregunta. En efecto, en el mundo de la opinión, la pregunta reacción es tener una respuesta inmediata para todo, construir definiciones espontáneas y manejarse siempre en una realidad no problemática. El filósofo, al contrario, desarrolla la actitud de interrogar el mundo, pero no de cualquier manera. Primero, porque no todos los problemas son filosóficos. Segundo, porque la formulación de un problema filosófico presupone todo un trabajo previo de problematización, de duda, de sospecha, de puesta en tela de juicio de lo que aparece como verdadero, de descubrimiento de contradicciones inadvertidas y reconstrucción de las evidencias (Mostar que las pseudos evidencias están construidas sobre fundamentos que no son evidentes).
1. Distinguir una pregunta filosófica. No todas las preguntas son filosóficas. Primero , hay que distinguir las verdaderas preguntas que se refieren siempre a un problema y suscitan una investigación, de las demás preguntas que son o bien vanas (Por ejemplo ¿Cuántos ojos tienen los extraterrestres?), o bien sólo pedidos de información (por ejemplo: ¿Qué hora es?) o de colaboración (Ej. Puedes pasarme la sal?, etc. Segundo, hay que aclarar que muchas de las preguntas que se refieren a un problema no conciernen a la filosofía, sino a una ciencia o si no a otra disciplina. Y finalmente hay que distinguir entre preguntas formales e informales.
2. Pasar de la pregunta al problema. Una pregunta es cualquier cuestión que puede no exigir respuestas filosóficas o exigir respuestas científicas, fenoménicas. Un problema para la filosofía, es una pregunta que no tiene respuesta conocida o que sus respuestas no satisfacen el alma.
3. Pasar del problema a la pregunta. Una vez problematizado el tema de investigación, el filósofo puede examinarlo gracias a ciertas preguntas determinadas que van formalizando poco a poco la pregunta informal inicial, abriendo así un camino hacia una respuesta.
5. Hacer aparecer contradicciones. Muchas veces, no logramos construir una problemática referente a un tema y nos quedamos en opiniones y consideraciones banales porque no hemos podido suscitar en nosotros ningún asombro o ninguna duda. Hacer aparecer contradicciones o dilemas es una vía real para el desarrollo de un verdadero ánimo de filosofar, que nos asegura una correcta problematización del tema puesto que aparece como un callejón sin salida.
6. Adoptar diferentes puntos de vista frente a un problema. Para poder problematizar una pregunta y hacer aparecer contradicciones, es importante poder adoptar sucesivamente varios puntos de vista frente a una misma noción. Un conocimiento general de la historia de la filosofía es útil para entender cuáles son los puntos de vista clásicos, es decir, las maneras tradicionales de acercarse y considerar la realidad que las diversas escuelas filosóficas han ido definiendo desde la época griega. Muchas veces, estos puntos de vista se aparecen como contradictorios y excluyentes, presentando el problema de su superación e integración en una tercera perspectiva.
7. Sospechar de lo evidente. Es preciso adoptar una actitud escéptica frente a las propias opiniones y definiciones espontáneas que suelen presentarse como evidencias, a fin de problematizar una noción. Por eso, se trata de desarrollar durante la reflexión una verdadera sospecha frente a las aparentes buenas respuestas a través de preguntas que puedan abrir pistas de investigación no percibidas anteriormente.
D. DESARROLLO DEL FILOSOFAR: LA ARGUMENTACIÓN.
El acto de filosofar no es n una serie de opiniones expresadas ni una serie de experimentaciones a partir de hipótesis, como sucede en las ciencias, sino el desarrollo de un discurso conceptual que busca su propia legitimación a través de argumentos. Frente a los problemas que plantea y examina, el filósofo intenta establecer tesis bien fundamentadas. Argumentar presupone querer someterse a la verdad – y no al interés, y no dejar de criticar las propias tesis hasta encontrar, si es posible, conocimientos seguros y perfectamente racionales. Esto supone dialogar y discutir consigo mismo, siendo su propio contradictor y juez.
1. Distinguir los argumentos verdaderos. Es obvio que no podemos fundamentar ninguna verdad escondiéndonos detrás de argumentos de autoridad, vengan de donde vengan. Mi profesor lo dice, el presidente lo dice, tal libro lo dice, e incluso, todo el mundo lo dice. Estos pseudos argumentos no constituyen nunca ninguna razón que pueda legitimar una posición. Recordemos siempre que todo el mundo dijo durante siglos que el sol giraba alrededor de la tierra. Pero tampoco debemos confundir el hecho de dar un ejemplo con el hecho de dar un argumento.
2. Establecer una tesis. Es tomar partido, asumir un saber. Y esto significa que argumentar no es solo establecer razones internas sino defenderla de posibles críticas externas. Esto significa que argumentar es también responder a objeciones implícitas o explicitas.
3. Desarrollar un razonamiento. El arte de argumentar permite al filósofo articular ideas y nociones diferentes en un solo y mismo argumento que pueda abarcar tema aparentemente alejado o relacionar tesis aparentemente contradictorias.
4. Relativizar una tesis filosófica. Del mismo modo que quien quiere filosofar debe ser capaz de establecer y justificar tesis mediante argumentaciones, debe ser capaz de relativizar tesis, es decir, demostrar sus límites, de reducir su campo de validez. Tal actitud crítica pasa por dos caminos privilegiados: la relativización de los presupuestos de la tesis y la relativización de las consecuencias de la tesis. La primera limita el alcance de la tesis en referencia a lo que presupone como verdadero para que ella sea, a su vez, verdadera. La segunda la limita en referencia a sus consecuencias problemáticas, es decir, difíciles de justificar.
5. Refutar una tesis. Refutar una tesis, al contrario de lo que sería relativizarla, significa demostrar que es absurda, es decir, que va contra la razón. No se trata de criticarla y negarla porque no nos gusta, sino de demostrar que presenta una contradicción interna.
6. El espíritu de la argumentación. Para terminar, veamos cuál es el espíritu que acompaña la argumentación filosófica en su búsqueda de la verdad, y por qué nunca un diálogo filosófico por contundente que sean sus argumentos y refutaciones, puede ser confundido con un combate verbal para “vencer” al otro.
ü Lectura e identificación de ideas principales
ü Elaboración de un comentario personal.
B. INTER APRENDIZAJE.
ü Elabora un ensayo filosófico
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